Turkmenistán

República de Turkmenistán — Asia Central

Geografía y territorio

Turkmenistán ocupa una vasta extensión de 491.210 km² en el suroeste de Asia Central, limitando al oeste con el mar Caspio, al norte con Kazajistán, al noreste con Uzbekistán, al sureste con Afganistán y al sur con Irán. Su territorio está dominado abrumadoramente por el desierto de Karakum, que cubre aproximadamente el 70% de la superficie del país y constituye uno de los desiertos de arena más grandes del mundo, con dunas que se extienden hasta donde alcanza la vista.

Las regiones montañosas se concentran en el sur y el sureste, donde la cordillera de Kopet-Dag forma la frontera natural con Irán, alcanzando altitudes superiores a los 2.900 metros. En el extremo oriental, las estribaciones del sistema montañoso de Kugitang albergan el punto más alto del país, el Ayrybaba, con 3.139 metros. El río Amu Daria recorre la frontera nororiental, proporcionando agua vital para la irrigación en una de las regiones más áridas del planeta.

El clima de Turkmenistán es desértico continental, con veranos abrasadores que pueden superar los 50°C en el desierto de Karakum y escasas precipitaciones que rara vez superan los 200 mm anuales. El Canal de Karakum, una de las mayores obras de ingeniería hidráulica del mundo con más de 1.300 kilómetros de longitud, lleva agua desde el Amu Daria hasta las zonas agrícolas del sur, aunque su eficiencia ha sido ampliamente cuestionada por las enormes pérdidas por evaporación y filtración.

Historia

El territorio del actual Turkmenistán ha sido testigo del paso de innumerables civilizaciones a lo largo de milenios. La antigua Merv, situada en un oasis del desierto de Karakum, fue una de las ciudades más grandes del mundo en el siglo XII y un eslabón fundamental de la Ruta de la Seda. Por estas tierras transitaron los ejércitos de Alejandro Magno, los árabes que trajeron el islam en el siglo VII, y las hordas mongolas de Gengis Khan que arrasaron Merv en 1221 en una de las mayores masacres de la historia medieval.

Los turcomanos, pueblo nómada de origen túrquico, se consolidaron en la región a partir del siglo X, desarrollando una cultura basada en la cría de caballos, el tejido de alfombras y la estructura tribal. La resistencia turcomana a la expansión rusa culminó en la batalla de Geok Tepe en 1881, una derrota devastadora que selló la incorporación del territorio al Imperio ruso. Durante la era soviética, Turkmenistán fue transformado en una república productora de algodón y gas, mientras sus tradiciones nómadas eran sistemáticamente reprimidas.

La independencia, proclamada el 27 de octubre de 1991, dio paso a uno de los regímenes más herméticos y excéntricos del mundo bajo Saparmurat Niyazov, autoproclamado Turkmenbashi (“padre de los turcomanos”). Niyazov impuso un culto a la personalidad sin precedentes en la región, incluyendo un libro sagrado obligatorio, la prohibición del ballet y la ópera, y monumentos dorados en su honor. Tras su muerte en 2006, el nuevo liderazgo ha mantenido un sistema político cerrado, aunque con cierta apertura económica.

Cultura y sociedad

La cultura turcomana está profundamente enraizada en las tradiciones nómadas de las estepas y el desierto. Las alfombras turcomanas, reconocidas mundialmente por su calidad excepcional y sus intrincados diseños geométricos en tonos rojos y granates, constituyen el símbolo cultural más emblemático del país. Tan central es la alfombra en la identidad nacional que aparece en la bandera del país, caso único en el mundo, con cinco motivos de gul que representan a las cinco principales tribus turcomanas.

El caballo akhal-teke, una de las razas equinas más antiguas y elegantes del mundo, es otro pilar de la cultura turcomana. Conocidos por su pelaje dorado metálico y su extraordinaria resistencia, estos caballos eran considerados el bien más preciado de las familias nómadas. El amor por los caballos impregna la poesía, la música y las celebraciones turcomanas, y el akhal-teke aparece en el escudo de armas nacional. Las festividades tradicionales incluyen carreras de caballos, lucha libre y exhibiciones ecuestres.

La hospitalidad turcomana es legendaria en Asia Central. Los rituales de bienvenida incluyen elaboradas ceremonias de té y la ofrenda de los mejores alimentos de la casa. La sociedad mantiene fuertes lazos tribales y familiares, con bodas que pueden durar varios días y congregar a cientos de invitados. La música tradicional, interpretada con el dutar (laúd de dos cuerdas) y acompañada de canto gutural, narra las hazañas de héroes nómadas y amores épicos del desierto.

Economía

La economía de Turkmenistán descansa sobre sus inmensas reservas de gas natural, que figuran entre las mayores del mundo. El país posee el yacimiento de Galkynysh, segundo más grande del planeta, y el gas representa la abrumadora mayoría de los ingresos por exportación. China es el principal comprador a través del gasoducto Asia Central-China, una obra de ingeniería que cruza más de 1.800 kilómetros de terreno desértico y montañoso. El petróleo complementa la base energética, con producción centrada en la costa del Caspio.

El algodón constituye el segundo pilar económico, cultivado mediante extensos sistemas de irrigación en las tierras arables del país. Turkmenistán figura entre los diez mayores productores mundiales de algodón, aunque las prácticas de trabajo forzado en la cosecha han generado críticas internacionales. La industria textil ha crecido como parte de los esfuerzos de diversificación, buscando agregar valor a la materia prima en lugar de exportarla sin procesar.

A pesar de sus riquezas naturales, la economía turcomana enfrenta desafíos significativos derivados de su aislamiento internacional, la falta de transparencia y la escasa diversificación productiva. Los subsidios estatales proporcionan electricidad, gas, agua y sal de forma gratuita o a precios simbólicos para la población, una política que el gobierno financia con los ingresos del gas pero que limita los incentivos para la eficiencia energética. Los esfuerzos por atraer inversión extranjera y desarrollar el turismo avanzan lentamente en un entorno de limitada apertura.

Gastronomía

La gastronomía turcomana refleja la herencia nómada del pueblo turcomano, con una cocina robusta y sustanciosa adaptada a las condiciones del desierto. El cordero es la carne predominante, preparado de múltiples formas: asado en brochetas de shashlik sobre brasas de carbón, guisado lentamente en calderos o cocido en su propio jugo en hornos subterráneos llamados tamdyr. El plov turcomano, elaborado con arroz, carne, zanahorias y especias, es el plato festivo por excelencia que reúne a familias y comunidades.

El pan, horneado en hornos de arcilla tamdyr, tiene una importancia casi sagrada en la mesa turcomana. Las tortas de pan chorek, crujientes por fuera y esponjosas por dentro, acompañan cada comida. Los gutap, empanadillas rellenas de carne, calabaza o verduras, son el aperitivo más popular y se sirven tanto en los hogares como en los mercados callejeros. Los productos lácteos, incluyendo el agaran (nata espesa), el chal (leche de camella fermentada) y diversos quesos secos, reflejan la tradición pastoril.

Las frutas del desierto ocupan un lugar especial en la alimentación turcomana. Los melones de Turkmenistán son celebrados en toda Asia Central por su dulzura excepcional, hasta el punto de que el segundo domingo de agosto se celebra oficialmente el Día del Melón. Las uvas, granadas y albaricoques cultivados en los oasis complementan una dieta donde el té verde es la bebida omnipresente, servido en cantidades generosas como símbolo de hospitalidad y acompañamiento de toda conversación.

Turismo y lugares de interés

Turkmenistán, uno de los países menos visitados del mundo debido a sus restricciones de visado, ofrece sin embargo experiencias únicas para los viajeros que logran acceder. La Puerta del Infierno, en el cráter de gas de Darvaza, es quizá la atracción más espectacular: un enorme cráter de 70 metros de diámetro que arde ininterrumpidamente desde 1971, cuando ingenieros soviéticos le prendieron fuego pensando que el gas se consumiría en pocos días. Por la noche, las llamas iluminan el desierto circundante en un espectáculo dantesco e hipnótico.

La antigua ciudad de Merv, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue durante siglos una de las metrópolis más importantes de la Ruta de la Seda. Sus ruinas se extienden por una vasta área que abarca distintas épocas, desde la ciudadela aqueménida hasta los mausoleos selyúcidas del siglo XII, incluyendo el espectacular Mausoleo del Sultán Sanjar con su cúpula turquesa. Las ruinas de Nisa, antigua capital del Imperio parto, ofrecen otro viaje fascinante al pasado preislámico de la región.

Asjabad, la capital, es una ciudad surrealista revestida casi enteramente en mármol blanco, lo que le ha valido un récord Guinness. Estatuas doradas, fuentes monumentales y edificios gubernamentales de proporciones megalómanas crean un paisaje urbano que oscila entre lo fascinante y lo desconcertante. El mercado de Tolkuchka, uno de los mayores de Asia Central, ofrece alfombras turcomanas auténticas, joyas de plata y artesanía tradicional en un caos comercial vibrante que contrasta con la pulcritud del resto de la capital.

Curiosidades sobre Turkmenistán

  • La Puerta del Infierno en Darvaza lleva ardiendo ininterrumpidamente más de 50 años en pleno desierto de Karakum
  • Turkmenistán es el único país del mundo cuya bandera incluye diseños de alfombras, simbolizando a las cinco tribus principales
  • Asjabad ostenta el récord Guinness como la ciudad con mayor concentración de edificios de mármol blanco del mundo
  • El caballo akhal-teke turcomano puede recorrer más de 1.000 kilómetros sin beber agua, adaptación única al desierto
  • En 2024, el país renombró oficialmente meses y días de la semana con nombres turcomanos, eliminando las denominaciones de origen ruso